quinta-feira, 9 de fevereiro de 2017


Uma pequena (e pobre) incursão na poesia!


Choro África

Lembro a mulher
Dobrada,
Com enxada,
Cavando na estrada
Cigarro aceso na boca,
O filho pequeno nas costas,
A mama esticada p’ra trás
Com o pouco leite p’ra lhe dar.

Ind’ouço o canto dolente
Do quissange.
E vejo a savana quieta,
O kota encolhido, sereno e belo
Nas rugas da sua velhice,
O fresco sereno do cacimbo,
 As crianças a brincar
E os homens a suar.

Tudo isto de saudade
De meio século passado.

África eu choro agora
Porque está tristonha e pobre,
Esventrada,
Espoliada,
Com políticos milionários
Que não param de roubar,
Mercenários indiferentes
E o povo por alimentar.

Choro a África bonita
Na alma das suas gentes,
Humildes, trabalhadoras,
Sempre à espera dum Messias
Que os encha de alegrias,
Do direito de viver
Com saúde, felicidade,
E uma bonita amizade

Lutem; por pronta mudança.
E não esqueçam que há sempre,
Por fim,
Um amanhã cheio de Esperança.


04/02/2017

quarta-feira, 8 de fevereiro de 2017

Don Victoriano Arizti
“El Trotamundo Vasco”

Há oito anos fechava os olhos uma das pessoas que a Boa Estrela que vela por nós, havia posto no nosso caminho, lá atrás, em 1963. Foi uma perda até hoje sempre sentida, e sobre esse Grande Amigo escrevi o que pode ser visto neste link de um blog onde deixei de escrever
Há dias lembrando o Amigo, fui pesquisar se a Internet dizia algo mais sobre ele. E lá estava.
Don Vitoriano fora o grande “apóstolo” que levara os Cursillos de Cristandade para a Nicarágua. Com a sua força espiritual, a sua alegria contagiosa, lá deixou inúmeros amigos e bons cristãos.
Em 1977, saiu da Nicarágua para Espanha, com a sua banda, “Los Palacagüina”, para um série de apresentações pela Europa, o hoje famoso músico, cantor e político, Carlos Mejia Godoy, que teve uma importantíssima ajuda do padre basco, Don Vitoriano. Foi este quem, com a sua garra, conseguiu que o artista assinasse um contrato com a CBS que lhe deu um enorme impulso na carreira.
Mas o melhor é ouvirmos o que Carlos Mejia Godoy nos conta, em castelhano, sobre este grande “Andarilho Basco”!

Aquella mañana soleada de Abril de 1977, íbamos, los Palacagüina, mi esposa Evelyne y yo, como en una lata de sardinas, a bordo del Seat que conducía el sacerdote Victoriano Arizti. El cura vasco había bajado de Vitoria a Madrid, para celebrar con nosotros el contrato con la CBS, para el lanzamiento de nuestro primer disco internacional.
-Veis aquellos picos nevados?- preguntó Victoriano señalando las montañas del norte madrileño. –Hacia allá nos dirigimos, para que estos indios nicaragüenses conozcan la nieve-. El cura enrumbó su carrito hacia Navacerrada. Pero al pasar por Plaza España, nos relato una anécdota, que yo jamás olvidaré.
-Este es el monumento a Cervantes. Ahí está el escritor sentado. Tras él, cada uno en su cabalgadura, los dos personajes de su famosa novela: Don Quijote y Sancho.
Pues bien –prosiguió Arizti- aquí me detuve hace algunos años y, con una bolsa plástica y una cuchara, recogí unos gramos de tierra, para llevarlos a una mujer española, que desde hace cuarenta años vive en ese país africano. Esa anciana madrileña, posiblemente jamás regresará a su país y me pidió que le llevara esa “tierrita”, para que se la pongan junto a su féretro el día que muera…
Todos quedamos impactados por aquella historia estremecedora. Pero, a partir de ese momento, cierto cantor somoteño, no tuvo sosiego. Hurgué en mis bolsillos un trozo de papel y empecé a aliñar el primer verso de una nueva canción:
Yo soy Victoriano, trotamundo vasco
Llegué a Mozambique buscando una flor….

En Navacerrada, mientras los Palacagüina, añoraban una botella de sirope de tamarindo para prepararse un mega-raspado, yo me retiré a seguir escribiendo, lo que en un inicio me parecía un tango y, al final, resultó un valsesito de pura cavanga.
Aquella noche, después de la cena, diseñamos la sorpresa. Mi esposa Evelyne preparó las condiciones idóneas. Invitamos a Victoriano a tomar un coñac en nuestra habitación y sin mayores preámbulos me puse el acordeón y le dije al cura. Te suena esto, hermano? El padre Arizti tenía los ojos húmedos, al escuchar su historia convertida en canción. Así nació este homenaje a un hombre extraordinario, que –desde la más lejana galaxia- sigue amando a Nicaragua.

Esta é a letra da bela canção, que foi logo um grande sucesso na Nicarágua, e se pode ouvir no Youtube:

La viejita de Mozambique

Yo soy Victoriano,  trotamundo vasco,
llegué a Mozambique buscando una flor,
al caer la tarde detuve el camino,
con chapela vasca y con mi acordeón.

En la misma puerta  de aquella hostería
una viejecita  me identificó:
“¡los siete puñales de Santa María!
¡Usted es de España, lo mismo que yo!

En tus ojos claros de almendro florido
veo la Cibeles, manantial de amor,
y en tu risa alegre, loca algarabía,
la gente que corre en la plaza mayor”.

Y yo, Victoriano, trotamundo vasco,
sorbía una copa de añejo jerez,
un llanto cuajado de melancolía
surcó la mejilla de aquella mujer.

“Cuéntame de España, ‘mutil’ aguerrido,
¿qué es de tu Bilbao? ¿qué es de mi Madrid?
Yo vine a esta tierra hace ya tantos años,
me empujó a esta suerte la guerra civil.

Dime si aún alumbran los viejos faroles
en la Cava Baja del Madrid de ayer,
¿todavía fluyen las aguas humildes
en el Manzanares que me vio nacer?

Si algún día vuelves por esos caminos,
un favor del alma te quiero pedir:
tráeme un puñado de esa santa tierra,
que quiero besarla para bien morir”.

- Quiero decirles, amigos míos,
que al volver a la patria tomé
un puñado de tierra española
para llevarlo a la viejecita de Mozambique.

Yo soy Victoriano, trotamundo vasco,
volví a Mozambique buscando una flor,
al caer la tarde detuve el camino,
con chapela vasca y con mi acordeón.

Lo que contemplaron mis ojos absortos
no cabe en los versos, ni en una canción:
yacía postrada, gravemente enferma,
la viejita al punto me reconoció.

Sin decirme entonces ni media palabra,
bajo la luz tenue de un viejo quinqué,
tomó aquel puñado de tierra española
que mientras besaba musitó a la vez:

“Gracias, joven vasco, que Dios te bendiga,
ahora me muero dichosa y en paz,
porque he comulgado con la tierra mía,

- Quiero decirles amigos míos,
que yo me alejé llorando con mi chapela
vasca y mi acordeón peregrino,
y un solo pensamiento taladró mis sentidos:
que tan importante es aquel que muere
con un fusil en la mano defendiendo
la libertad de su tierra,
como el que muere en el exilio,
soñando volver a ella-.

Pouco depois da Revolução Sandinista ter saído vitoriosa, Don Vitoriano voltou à Nicarágua. Ouçamos a continuação do “Trotamundo”:

En los primeros días del triunfo de la revolución nicaragüense llegó a nuestro país el sacerdote Arizti. Cuando iba por la Carretera Sur, un retén del recién creado Ejército Popular Sandinista detuvo el vehículo y pidieron identificaciones a los ocupantes. El empresario Carlos Mántica (quem recebia Don Vitoriano em casa) se presentó y enseñó sus documentos, y cuando los soldados preguntaron por la identidad del religioso, les dijo: “Yo soy Victoriano…”.
Uno de los soldados le dijo: “¡Como el de la canción!”, a lo que de inmediato, Arizti le aclaró: “¡Yo soy el de la canción!” El sacerdote sacó el pasaporte, y de inmediato, enterado el oficial de la garita, llamó al resto de los hasta hacía poco guerrilleros, los puso en fila y ordenó: “Vamos a hacer unos disparos, en honor a Victoriano, el trotamundo vasco”.
En la noche, en un pasaje inolvidable de su vida que siempre recordaría el noble vasco, por primera vez, un sacerdote recibía la insólita parada militar de un Ejército naciente. ¿Dónde podía ser aquello? ¿En España? ¿En Mozambique? No, sólo en el sueño de lo que una vez quiso ser Nicaragua… 

Obrigado Carlos Mejia por nos recordar de forma tão bela, este grande Homem e grande Amigo.
Gracias.

07/02/2017

sexta-feira, 3 de fevereiro de 2017



Moçambique
e a
Casa do Gaiato

Já várias vezes tenho escrito sobre a Obra da Rua, do Pai Américo, sobretudo sobre a Casa em Moçambique, que conheci bem, desde 1971, e onde encontrei um Homem por quem todos os da minha família tinham imensa estima, o querido amigo Padre José Maria, que o Senhor chamou já para descansar.
A sua Obra naquelas terras moçambicanas, sempre coadjuvado pela fantástica Irmã Quitéria, é algo que só visto e, sobretudo, vivido, para se poder dar valor a quem tanto deu de si.
Moçambique é um país ingrato. Não me refiro a gente, que em todo o lado é boa, mas ao clima para agricultura.
No século XIX houve quem se atrevesse a escrever que as terras e o clima eram ideais para as culturas de climas temperados, incluindo trigo, e frutas que se dão em Portugal.
Brito Camacho que esteve em Moçambique como Alto-Comissário em 1921-22, descreve muito bem a panorâmica agrícola do país no seu livro “Moçambique”, e nega essa “miragem” sem que haja planificação e técnica suficientes. Algumas produções muito boas, naquela época, todas margeando os rios, raros os agricultores que bombeavam água, eram a prova de que com planificação... e capitais, a agricultura pode sair do nível de subsistência.
Lembro de conversas com colegas, em Angola, e mais tarde em Moçambique, quando algumas companhias poderosas produziam em quantidades industriais, sob um teto protecionista da metrópole, mas a população em geral não alcançava os níveis que lhe seriam devidos, concordando todos que o maior problema da agricultura em África eram “tubos”! Muita água nalguns lugares e secas imensas em outros. A água é a fonte da vida.
O homem branco cometeu o maior erro da sua vida, seguindo na costa do Índico o exemplo dos árabes, explorando o homem e não a terra, quando tudo era virgem. Ouro e marfim em Moçambique, marfim em Angola e sobretudo em ambos os lados, gente! Hoje o problema, sem a exploração das gentes com a escravatura é quase o mesmo, mas agora chama-se “tubos”.
A Casa do Gaiato, a 45 quilómetros de Maputo, tem uma área agrícola suficientemente grande. Os investimentos que até hoje nela têm sido feitos visam as populações carentes que a circundam. Além da Escola, dentro da Casa, com cerca de duzentos alunos, apoia outras numa área até 40 ou 50 quilómetros de distância, dando, pelo menos uma refeição diária a cerca de 800 alunos, além das creches com milhares de criancinhas, acompanhadas de suas mães, e ainda a 500 velhinhos que vivem em casas que a Obra da Rua construiu para quem tudo perdeu e nada têm.
E faz muito mais do que isto. Uma tarefa gigantesca.
Dar de comer a tanta gente, com a tremenda irregularidade de chuvas é uma roleta russa. Não chove, não produz alimentos para as pessoas, nem para os animais, que dão leite, carne e ovos.
Precisa de tubos! E tubos custam caro.
Tem agora um projeto que custará talvez um pouco mais do que um milhão de Euros (€ 1.000.000.) para construir uma conduta de um pouco mais de 5 quilómetros, para ir buscar água ao rio Umbeluzi. E toda a tubulação tem que ser enterrada bem fundo, para que não fique sujeita a que a perfurem para roubar água. Como se pode imaginar a Obra da Rua, Casa do Gaito, não tem esse dinheiro.
Tem a promessa, garantia, do empréstimo de uma escavadeira, já parece também que tem garantida a oferta do combustível – ainda há muita gente boa, graças a Deus ! – mas o mais pesado financeiramente é o custo dos tubos que deverão ser fabricados na África do Sul.
No jornal “O Gaiato” que sempre leio de ponta a outra, escreve o Padre Acílio, responsável pela Casa de Setúbal em Portugal:

Conduta de Água para a Casa de Moçambique
Eu não quero, não posso, não sou capaz de esquecer a necessidade urgente de levar água para a propriedade da nossa Casa. Pode parecer uma loucura, pela despesa que acarreta, mas eu prefiro ser alucinado que indiferente. (Padre Acílio: não é despesa, é investimento! Mas é um alto custo!)
Só uma terrível alienação pode fazer desaparecer o capital investido com o arroteamento do terreno fértil provido de um gigantesco pivô, capaz de regar vinte e cinco hectares de terra e arrancar boas colheitas de milho, feijão, mandioca, girassol, etc.
Não posso esquecer o espectro longínquo daquele pivô tão caro, abandonado à ferrugem e ao desuso.
Não me sai do coração tanta criança faminta, doente, necessitada de uma boa e variada alimentação a qual pode ser produzida no nosso terreno.
Eu não descansarei, já me comprometi com a Irmã Quitéria em avançar com a quantia equivalente a 30% da tubagem.
São cinco quilómetros de canalização e os tubos em polietileno e fibra de vidro, têm trinta centímetros de diâmetro, conforme o estudo feito por engenheiros creditados.
Tenho comigo cartas luminosas de dois padres, um com 400€ e outro com 250€ e um amigo com 2.000€.
Os três conhecem a Casa, o seu valor apologético e humano, amigos do Padre José Maria que está no céu.
Se quem pode não quer, tem que querer quem não pode. São assim as Obras de Deus. A gente arrisca na sua Providência.
Contamos com hipotéticas ajudas da Espanha e da Inglaterra, mas, por enquanto, são apenas conjecturas.  
O dinheiro já arrecadado ficará aqui; como um ovo no ninho, onde a galinha costuma pôr os ovos, a chamar outras que lá façam o mesmo.
Serão por volta de mil, os tubos que irão encaixar uns nos outros para o canal que tem de ser subterrâneo, os quais precisam de ser enco­mendados na África do Sul e o pedido exige uma percentagem do valor total, para ser executado pela fábrica. Isto quer dizer que tem de haver dinheiro para adiantar,       
Ora eis: Não vos recomendo que a vossa esmola seja enviada para aquele País, pois as pequenas quantias são engolidas pelos bancos, mas ponhais os vossos ovos neste ninho que é sério e bem guardado. Quando estiver cheio, dar-vos-ei contas e mandá-lo-ei junto, por ser mais barata a transacção, para a irmã Quitéria que sonha dia e noite com a água para produzir comida e alimentar a multidão de filhos que a rodeiam.
Façam um sacrifício: o quanto puderem depositem na conta do Casa do Gaiato, em Portugal:
IBAN: PT50 0045 3440 4021 8356 4277 8

Se quiserem depositar diretamente em Moçambique os custos são muito altos e o câmbio...
Então, por toda a parte onde chegar este apelo – Brasil, Portugal, Angola e Moçambique, Reino Unido, Canadá, Espanha e outros – por favor, metam a mão no bolso. Um pouco de cada um faz um bolo grande. Do tamanho que todos nós quisermos.
Obrigado, desde já, em nome dos milhares de seres que em Moçambique vivem, só Deus sabe como.
Infelizmente não podemos acudir a todos os miseráveis do planeta. Mas...
“O que fizerdes ao mais pequeno dos vossos irmãos, é a Mim que o fazeis.”

Atenção: Não custa nada pedir a todos que lerem este apelo que o compartilhem: no Facebook e outros, blogues e até, se possível em jornais, rádios e Tvs.


Rio de Janeiro, 03/02/2017

segunda-feira, 30 de janeiro de 2017



« Amor de Perdição »

Simão Botelho e João da Cruz

Para quem já não recorde, em Maio de 2014 dei a conhecer, neste blog, uma carta enviada a Camilo Castelo Branco sobre o destino de seu tio Simão Botelho, degredado para a Índia. Podem conferir neste link http://fgamorim.blogspot.com.br/search?q=sim%C3%A3o
Como ali se afirma, Simão não morrera a bordo, como Camilo romanceou. É preciso notar que o grande Camilo, o maior romancista de toda a história portuguesa, não gostava de fazer romances muito compridos. Ele mesmo, quando alguém lhe encomendava um romance, respondia logo : ‘‘Duzentas e cincoenta páginas, ‘‘x’’ o preço e metade do pagamento à vista!’’ Quando o número de páginas estava a chegar ao total combinado, Camilo ou matava o personagem ou terminava como no romance ‘‘Onde se encontra a Felicidade’’, duma forma sintética : ‘‘A felicidade encontra-se num baú cheio de moedas!’’
O mesmo se terá passado com dois ilustres personagens de ‘‘Amor de Perdição’’, matando Simão Botelho para não ter que continuar a sua história (e porque lhe teria perdido o rasto), e ainda matando João da Cruz, o ferrador, pai de Mariana. Como era habitual o romancista se baseiar em pessoas da vida real, e depois as romanciasse, parece que existiu um homem, ‘‘alma gémea’’ de João da Cruz, homem grande, forte, trabalhador, briguento, que se chamou João da Silva. Quando se referia a personagens da vida real, para compor os romances, Camilo, pegava nessas ‘‘almas gémeas’’, e trocava-lhes só o sobrenome.
Voltemos a Simão Botelho.
José António Ismael Gracias (1903-1993), que, além de chefe da secretaria do Governo-Geral da Índia Portuguesa, foi diretor da revista O Oriente Português, de Goa, escreveu um artigo baseado em documentos publicados no Livro das Monções nr. 187, também da Índia, onde se afirmava existirem documentos comprovativos da chegada de Simão António Botelho a Goa, e lá estaria, pelo menos em Fevereiro de 1808. É natural. Ia degredado e o comandante, à chegada devia entregá-lo às autoridades.
Nada refere sobre Mariana, o que não é muito de estranhar.
Quanto a João da Cruz, o bom e forte ferrador, pai de Mariana, segundo o romance, foi assassinado pelo filho de Bento Machado, para vingar a morte de seu pai quando, como criado de Baltasar Coutinho teve como missão assassinar Simão Botelho. O ferrador sabendo da embuscada e sua finalidade, atirou no primeiro homem que viu e varou-o com uma clavinada no peito !
O que é estranho é haver um João da Silva tão ‘‘tal e qual’’ o seu xará da Cruz.
Lourenço Mano, de quem extraio estas informações, no seu livro ‘‘Entre Gente Remota’’, publicado em Lourenço Marques em 1963, deixa umas quantas dúvidas sobre a vida do ferrador. Ouçamo-lo :
‘‘Encontrei no Boletim Oficial de Moçambique n° 13, de 2 de Abril de 1870, a seguinte notícia :
‘‘Faz-se público por ordem do Conselho do Governo, que o réu João da Silva, o ferrador, acabou em 6 de Abril do ano próximo findo, de cumprir a pena de quinze anos de degredo em que havia sido condenado, em Armamar em 6 de Dezembro de 1858, por lhe ter sido aplicado o indulto régio de 24 de Agosto de 1863, ficando-lhe a pena reduzida a menos a quarta parte’’
‘‘Amor de Perdição’’ foi escrito em 1862, o que permitiu a Camilo usar a figura de um ferrador chamado João da Silva, que existiu.
Mas tem mais:
‘‘João da Silva ao chegar a Moçambique foi colocado na Fortaleza de São Sebastião na Ilha de Moçambique. Uma noite, à porta da fortaleza teve uma briga sangrenta com um ‘‘macua’’, cosendo-o com facadas! Dado o seu génio foi transferido para a Ilha de Bazaruto, donde se evadiu mais tarde com outros presos nativos para as terras de Sena. Por ali andou a mercadejar em escravos, marfim e pasta de ouro, sempre em luta com os frades domínicos. Naquele tempo os governadores de Moçambique ignoravam quase totalmente o que se passava no interior.
Por ali João da Silva casou com Rita Emília Gomes da Fonseca, condenada a degredo perpétuo pelo crime de propinação* de veneno a seu marido. (O que se chama uma esposa dedicada! E o marido outra jóia!)
No romance, João da Cruz é morto pelo filho do almocreve de Garção. Na vida real ele terá morto este e um comparsa, e daí ter sido condenado ao degredo.
‘‘Há notícias de se haver encontrado há uns anos um manuscrito, pertencente à antiga Câmara Municipal de Vila de Sena, no qual se lia ainda o registo do óbito de João da Silva, o ferrador. Terá sido vítima de cólera morbus, que grassou na região em 1870, e foi-lhe dada sepultura numa das cinco igrejas ao tempo existentes em Sena.
E ainda esta:
‘‘Estava (Lourenço Mano) em São Pedro do Sul em 1933 quando encontrei junto à ponte um velho mendigo, que me revelou a existência dum João Ferrador, natural de Armamar, Viseu, homem rude e de génio bravio, que Camilo certamente conhecera nas suas digressões por toda aquela região, e que estivera degredado em Moçambique por crime de homicídio’’.
Não se sabe que idade tinha João da Silva quando foi degredado.
Fica a dúvida de ele ter morrido em Moçambique, apesar do documento, em tempos encontrado.
E ainda o testemunho do velho mendigo que conhecera um ferrador em Armamar, a terra de João da Silva, que regressara do degredo e para a sua terra tinha voltado.
Camilo ainda terá escrito :
‘‘Quando os sinos corriam o derradeiro dobre ao cair da lousa sobre João da Cruz, Deus terá descontado nos instintos sanguinários do teu temperamento a nobreza da tua alma. Dorme o teu sono profundo se nenhum outro tribunal te cita a responder pelas vidas que tiraste, e pelo uso que fizeste da tua. Mas, se há instância de castigo e misericórcia, as lágrimas da tua filha terão sido, na presença do juiz supremo, os teus merecimentos’’.

* Propinar : administrar uma dose de veneno.


25/01/2017

quarta-feira, 25 de janeiro de 2017



Depois do...
Encontro de Escritores


É verdade! Acabou o Encontro em Alcobaça.
As testemunhas saíram rapidamente, de fininho, e o organizador esperou que os monges aparecessem para “prestar contas” ao Dom Abade.
Este nada vira, ouvira ou sentira e estava extremamente curioso para saber o que se teria passado, tanto mais que as testemunhas tinham ido embora sem falarem com alguém.
No refeitório estavam as garrafas que sobraram – muitas delas vazias – uns quantos copos espalhados pelas diversas mesas, mas tudo arrumado, sem o menor sinal de qualquer distúrbio.
- Meu amigo, afinal o que se passou aqui, que ninguém viu a não ser as testemunhas à chegada? Não se ouviu um ruído, uma voz, nada?
- Dom Abade, a única coisa que lhe posso dizer é que nem eu nem qualquer das testemunhas tocou nessas garrafas! Mas quanto a contar-lhe o que se passou... impossível. Eu seria amarrado e mandado para um sanatório de loucos e, como pode imaginar é tudo quanto eu não quero!
- Nem em segredo de confissão?
- Nem assim, Dom Abade, também meu amigo. Gostaria que o senhor me dissesse se lhe devo alguma coisa, se notou algum estrago, enfim, quero sair daqui de consciência limpa.
- Não nos deve nada. Está tudo perfeito e isso ainda mais me intriga.
- Então, se me der licença gostaria de ir novamente até ao altar de São Pedro.
- À vontade. Já sabe o caminho.
- Muito obrigado por tudo. Quem sabe se um dia eu ainda lhe conte alguma coisa. Vou pensar nisso. E terá que ser em segredo de confissão e com um psicólogo ao lado para que me julguem louco!
A caminho do altar já foi ouvindo:
- E então gostaste do Encontro?
Olhou à sua volta, a Igreja vazia e reconheceu, no seu íntimo a voz de Simão Pedro.
Ajoelhou frente ao altar e respondeu sem abrir a boca:
- Querido São Pedro. Creio que jamais alguém terá tido um presente dos céus como este. Estou tão emocionado que tenho que ir repousar a cabeça. Mas antes vim dizer-vos só: Obrigado.
- Agora vou eu ver o que eles terão a me dizer! E, se tiver oportunidade, não deixarei de te transmitir.
- Obrigado. Muito obrigado.
Nem para casa foi. Precisava digerir tudo aquilo e precisava de solidão. No primeiro hotel que encontrou pediu um quarto sossegado, sem ruídos de rua e que lhe levassem algo para comer e uma garrafa de vinho.
Ele mesmo estava sem saber se aquilo a que tinha assistido fora real ou só um sonho, e se estaria ainda a sonhar.
O hotel deu-lhe um quarto no último andar, janelas de vidro duplo, e uma bela vista para o “seu” Mosteiro.
Feliz mas confuso – e com alguma fome! – começou por ir assinalando na lista que inicialmente tinha feito, para saber quem tinha estado presente.
Logo de entrada notou a falta de Gil Vicente! Porquê? Uma personagem tão importante! Estranho.
Ouviu então aquela voz, já sua conhecida:
- Gil Vicente continua melindrado porque teimam em não lhe reconhecer o mérito de ter feito, por suas mãos, aquele maravilhoso ostensório que está no Museu. Diz que se incomoda quando dizem que “se atribui a Gil Vicente” em vez de afirmarem diretamente que foi obra sua. Por isso não apareceu!
- E Fernão Mendes Pinto?
- O mesmo. Levaram séculos para lhe reconhecer o valor e a veracidade do que escreveu! E ainda se sente insultado quando por maledicência lhe chamavam o “Fernão Mentes? Minto!” querendo fazer graça que o ofendia.
- Duas jóias na nossa literatura! Se houver um próximo Encontro serão os primeiros a convidar.
Continuava a correr a lista e via que teria sido impossível que todos tivessem comparecido. O número dos que apareceram já daria para ali terem ficado até... até...
Só então reparou que uma grande quantidade deles estava anotada numa segunda folha! Talvez São Pedro tivesse, ele mesmo visto que seriam demais e não “olhou” para esta outra página.
Lá estavam, do Brasil, Machado de Assis, José de Alencar, Gonçalves Dias, Castro Alves, Monteiro Lobato, Euclides da Cunha, Raul Pompeia, Lima Barreto, Nelson Rodrigues, os poetas Mário de Andrade, Vinicius de Morais e Carlos Drummond de Andrade, os Inconfidentes Tomás António de Gonzaga que foi deportado para Moçambique, Gregório de Matos e Cláudio Manuel da Costa, e ainda mais uns tantos que o Brasil foi, e é, rico em artistas; de Angola, Uanhenga Xitu, Ferreira da Costa, Alexandre Lobato, Lucio Lara, e mais e mais, de Moçambique Noémia de Sousa (esteve em Beja !), Malangatana, Glória de Sant’Anna, Rui de Noronha, e de Portugal outra infinidade a começar por Santo António e seus Sermões,  João de Deus, Julio Diniz, Fialho de Almeida, Jaime Cortesão, Alves Redol, Teófilo Braga, Raul Brandão, Miguel Torga, o Dr. Adolfo Rocha, e... para que reler mais esta interminável lista?
Pensou:
- Quem sabe ainda organizarei outro Encontro. Mas para já vou ver se consigo “digerir” este!
Saboreava o ter visto, e ouvido, personagens quase míticas como Dom Diniz e seu avô Afonso X, Dom Pedro duque de Coimbra, parecia ouvir Bandarra a falar sobre as suas profecias que só se viriam a confirmar daqui a... um monte anos, entretanto os olhos iam-se fechando, começava a ver um céu estrelado e a ouvir Abraão Zacuto a mostrar-lhe as constelações e como poderia navegar, depois, com a voz sempre suave de Alda Lara, que lhe recitava um dos seus poemas. adormeceu!
E continuou a sonhar. Sonhou com livros, com os autores e a ver uma miríade de leitores a quererem todos comprar as exíguas edições.
Tudo no seu sonho em vez de lhe dar descanso à cabeça, que continuava entre feliz e confusa, mais o confundiam.
Umas horas depois sossegou. Acordou tarde. Olhou em redor e procurava alguma coisa que não sabia o que era.
- Será que que sonhei tanto tempo e com tantos escritores. E porquê estou a dormir neste hotel em frente ao Mosteiro da Batalha? Como posso ter a certeza que vi o grande Rei Dom Diniz e tantos escritores? Será que estou a ficar louco?
Viu a seu lado as listas dos “convidados” e pensou que teria sido uma “indigestão” literária que lhe tinha feito mal à cabeça. Mas outra lista, pequena tinha os nomes duns amigos, as testemunhas.
Chamou um deles pelo telefone. Atendeu a mulher.
- O Henrique ainda dorme. Chegou ontem muito perturbado e não quis falar sobre o que se tinha passado. De princípio até pensei que tinha sofrido um acidente, mas está muito bem de saúde. Mas a cabeça... está um pouco febril.
Chamou outro. A informação que recebeu não variou muito.
O terceiro, mais calmo atendeu.
- Manel, estou confuso. Queres-me dizer o que se passou ontem?
- Mais confuso estou eu e, como sabes, costumo ter um raciocínio calmo. Mas entre confuso e calmo estou maravilhado com o que vimos.
- Temos que nos encontrar. Hoje não, que eu estou demasiado baralhado. Amanhã, num lugar onde ninguém nos ouça.
- Antes de desligares: porque não convidaste os teus dois bisavôs? E o Saramago?
- Não me digas nada porque estou com medo de ter ficado avariado da cabeça. Amanhã com mais calma falaremos. Mas sobre o Saramago posso já adiantar-te que, para mim é persona non grata. Um cara que foi mau, vingativo, perseguiu os colegas do jornal, e por fim escreveu livros duma senilidade nojenta! Nem o São Pedro sabe por onde ele anda! Certamente em lugar mais quente do que nas Canárias!
Desceu do hotel, já tarde, cheio de fome. Pagou a conta e em vez de procurar o carro, foi andar um pouco. No Largo do Mosteiro encontrou um restaurante. Aspecto agradável. Sentou-se na esplanada, bem fronteiro ao Mosteiro, sem conseguir dele tirar os olhos. Pediu costeletas de carneiro,  e vinho bebeu do melhor que “A Casa” dispunha, uma garrafa de Ramisco da adega Regional de Colares, colheita de... Refez as forças.
Sem poder conduzir por ter bebido, andou algumas horas a pé à volta do Mosteiro.
Finalmente meteu-se no carro e foi embora.
Sem saber ao certo o que se tinha passado.


21/01/2017